martes, 27 de septiembre de 2016

FELICIDADES



 
Otro año cumpliendo con la belleza.
El talento de unas manos expertas
en la piedra y pupilas abiertas
para plasmar con leal entereza
 
 
las locuras de dentro, las proezas
de la cabeza de musas despiertas;
para construir en nada cosas ciertas;
para que otra piel reluzca tu pieza.
 
Felicidades por saber transportar
trescientos sesenta y cinco días
más lo que dice una gema al suspirar.
 
Las que están en mi dedo y son mías
dicen" gracias por a este mundo alumbrar
mil joyas con el canto de almas frías"

CruzadoC

FELICIDADES



 
Otro año cumpliendo con la belleza.
El talento de unas manos expertas
en la piedra y pupilas abiertas
para plasmar con leal entereza
 
 
las locuras de dentro, las proezas
de la cabeza de musas despiertas;
para construir en nada cosas ciertas;
para que otra piel reluzca tu pieza.
 
Felicidades por saber transportar
trescientos sesenta y cinco días
más lo que dice una gema al suspirar.
 
Las que están en mi dedo y son mías
dicen" gracias por a este mundo alumbrar
mil joyas con el canto de almas frías"

CruzadoC

martes, 20 de septiembre de 2016

BEIRAMAR


 
Retomar viejas costumbres para ser
jóvenes otra vez, también eternos
como el mar en movimientos alternos;
y navegar para dejar el ayer
 
donde habría siempre de permanecer.
A proa se divisan los inviernos
y mirando atrás podemos perdernos.
El destino ni siquiera está por ver.
 
Es el himno de un poema cualquiera:
mis palabras, esta foto en libertad
cuando he roto juicios y la bandera
 
que te colorea de la identidad.
"Navega, velero mío", en presente
porque tenemos la posibilidad.

                                                                         



                                                                           CruzadoC

miércoles, 3 de agosto de 2016

TEMPUS FUGIT

 

Escribí este soneto el otro día a raíz de una conversación con una prima gallega que me conoció en mi etapa de poeta  tremendista y se extrañó de que ante su expresión "Tempus fugit" cuando la felicité por su cumpleaños, yo dijese algo así como "que quede lo que quede, pero que lo vivamos bien"

Y vivir bien significa para mí ya sólo vivir en el ahora, haber logrado la serenidad suficiente para no desear nada que no se pueda disfrutar también mientras se está tratando de lograr. "El Poder del ahora" me ha cambiado por dentro y por fuera y con total humildad y sin pretensiones me encantaría poder trasmitir lo que yo he aprendido, la responsabilidad que tenemos todos-conductores de nuestra vida-en la propia felicidad o armonía, que me parece una palabra mucho menos superflua que la felicidad. Con estos versos he tratando de expresarlo.
 
La foto está hecha en el muelle de O Seixo( Mugardos), el pueblo de mi infancia en Galicia con mi padre, ante al fuga de un atardecer  sobre el mar. Un lugar que representa mucho para mí, no sólo porque me trae a la memoria los recuerdos de la niña que se bañaba allí, sino también porque a su pies tuve que montar en un bote y ver como caían las cenizas de una persona a la que quise mucho, ver la marea llenarse de rosas amarillas al son de unas gaitas. Así este muelle refleja en mi alma la vida y la muerte, el "Tempus fugit" de este poema 
 
El segundo salta de ese camión
donde el conductor traslada a los presos
y se fuga hasta que encuentran los huesos
de lo que ya no tiene construcción.
 
¿Pero quién conduce nuestro camión?
¿ Y por qué queremos que los sucesos
fugitivos sobrevivan impresos
en el hoy como una posesión?
 
¿ Por qué camino llevamos la hora
que no gozamos y nos doblegamos
al futuro de otra gobernadora?
 
Yo conduzco y tú la llevas, vamos
como ejército de tontos que ignora
que cada paso pesa tantos gramos... 
 
CruzadoC

miércoles, 27 de julio de 2016

CANTABRIA INFINITA



 
La mayoría de las veces que escribo o hablo de mi tierra, lo hago sólo sobre Santander, sobre el Sardinero, que es quizá la zona que más amo. No el Sardinero turístico del verano, sino el Sardinero de mi infancia, de mis años de niña que vivía en Zamora o en Luarca o en alguno de los múltiples destinos que tuvo su padre, pero a la que siempre llevaban a la tierra de su madre. Eran escapadas de fines de semana otoñales o primaverales con mis abuelos o con mi padre, al que le encantaba enseñarme la Magdalena, la estatua de Feliz Rodríguez de la Fuente o la playa del camello.
 
Pero lo cierto es que Cantabria es mucho más que Santander y, por supuesto, mucho más que mi Sardinero. Hace unos días llevamos a los niños a que conocieran Santillana del Mar y Comillas y también fue para mí un redescubrimiento de zonas olvidadas en la memoria, de tiendas y de paisajes del alma. Por otra parte es reconfortante para uno ver a sus hijos planear por los lugares sobre cuya piedra una vez jugaste tú. 
 
Y sobre el suelo empedrado de Santillana escribió el poeta  José Hierro en un soneto:
 
Cuando se piensa que esas piedras, antes
de ser domadas armoniosamente
fueron escudo sobre el pecho ardiente
del mundo en su orígenes errantes...

Y aquí  algunas fotos para los que piensan hacer turismo por Cantabria
 




En Comillas, el Capricho de Gaudí y la casa museo, un capricho para los ojos
 




 
CruzadoC

martes, 19 de julio de 2016

SOFÍA CASANOVA, "AZULES SON LAS HORAS"



La chica que aparece en la foto se llama Inés Martín Rodrigo, una periodista madrileña vinculada Santander, que trabaja en la sección de cultura de ABC  y que este 2016 ha publicado su primera novela, " Azules son las horas". La foto corresponde al acto de presentación de su obra en Santander, en la librería Gil , concretamente. Acudí intrigada por conocerla y por saber algo más de la protagonista de su libro, Sofía Casanova.

Sofía Casanova no es un personaje imaginario, es real. Por eso quería escribir este post, porque me doy cuenta de la cantidad de mujeres importantes que se han perdido a lo largo de la historia y Sofía, rescatada del olvido en "Azules son las horas" es una de ellas. Fue una gallega, la causa origen que me atrajo a esta lectura, la primera corresponsal de guerra en el extranjero. Por eso me extrañó tanto que no se supiera nada de ella, precisamente una periodista ignorada por el mundo periodístico de hoy. Escritora, poeta en sus comienzos, abandonada por su padre, se traslada al Madrid  de fines  del siglo pasado con su madre y hermanos, contrae matrimonio con un filósofo polaco y se marcha a Polonia. Con tres hijas y repudiada por aquel  tiene que crear su propio destino. Cuatro guerras es el número total de las que vivió esta mujer: las dos mundiales. la guerra polaco-soviética, y la civil española   
 
Mi idea sobre la justificación del título responde  a una cita de la protagonista cuando se encuentra con su familia instalada en " Mera", cerca de La Coruña, "era un día claro, como esos que sólo pueden verse en Galicia". Quienes han pasado algún trozo de su vida en Galicia saben de lo que habla la autora. Por mucha claridad que tenga un día en Santander, o en el Sur de España, la luz azul de las horas gallegas es inconfundible para los que vivimos nuestra infancia en esa tierra, como le sucedió a la protagonista.
 
De Sofía Casanova pocos saben que fue presentada por sus compatriotas al Nobel de Literatura en 1925, como pocos saben que durante las guerras que vivió prestó sus servicios como enfermera al frente de la Cruz Roja , dedicando sus horas libres a escribir las crónicas de lo que le tocó vivir y apañándoselas para hacerlas llegar a España a través de valija diplomática  para que pudieran ser publicadas en el ABC
Foto de la verdadera Sofía Casanova
 
Hay frases de este libro que ya se quedan conmigo para siempre:
 
" Nunca renuncié a reír"
"Supe que entregaría mi vida  a las letras, que daría mi vida por dedicarme a mi pasión, costara lo que costara"
"Nunca me asustaron los muertos, las malas personas sí"
" La soledad, cuando es buscada, es buena para escribir"
"Pretendí pasar desapercibida y que fueran mis palabras las protagonistas"
"Había perdido toda mi biblioteca cuando los nazis volaron mi casa, no conservé ninguno de los libros  que, durante años, conformaron mi identidad y me definieron como persona, pero la barbarie no me privó de la memoria. Recitar cada uno de los versos que amé, con los que sentí, me devolvía a la vida"
 
Ojalá esta recomendación sirva para que alguien quiera conocer un poco mejor a Sofía Casanova

CruzadoC


lunes, 18 de abril de 2016

FLORENCIA: UN VIAJE POR EL AQUÍ Y AHORA

 
Hace sólo dos semanas volvía a coger el petate para escaparme durante 48 horas con unos remordimientos del tamaño del Coliseo, que había visitado hacía tan sólo tres meses ( de ahí el cargo de conciencia). Me subí otra vez en un avión rumbo a Roma, pero esta vez desde allí, estación de Termini,  me desplacé en un tren de alta velocidad a Florencia. Las oportunidades surgen cuando surgen y la vida es para disfrutarla. En ese vagón se me saltaban las lágrimas recordando lo que dejaba en casa durante dos días y peguntándome"¿ qué hago yo aquí ?" y así estuve hasta el día siguiente, que amanecí en Florencia y sin datos en el móvil, una maldición en un primer momento que a la postre se convirtió en un regalo tan grande como la Cúpula de Brunelleschi, que estaba a punto de ver. Las razones de esta aventura  han sido tan personales que es muy difícil que nadie que no sea yo pueda comprender, pero quiero escribir sobre la importancia de haber descubierto el disfrute pleno del momento presente, no de lo que va a suceder dentro de una semana, de unos días o de cinco minutos, sino de lo que está sucediendo ahora mismo. Yo, como muchos, por el tipo de vida estresada que llevamos, lo había perdido. Tuve la suerte de encontrar una buena orientación, de escuchar los consejos de buenos amigos, de leer con los cinco sentidos el libro adecuado y de contar con un compañero de viaje que es capaz de cargarse con todo mi equipo para que yo pueda volar. Y desde aquí le doy las gracias.
 
Al salir del hotel tenía un paseo hasta el centro histórico  de unos 15 minutos, siempre a orillas de río Arno  desde cuyo muro de contención se divisaban cuatro puentes. Iba pensando " ojalá mis hijos pudieran ver esto, ojalá llegue pronto el lunes para contárselo" cuando de repente llegué al Ponte Vecchio y me dije" son dos días, esto son días y sólo existe el ahora", y desde ese momento así fue como aprendí a bucear en el eterno presente. Quería ir al Duomo y me equivoqué  de dirección apareciendo en el Palacio Pitti ( las cosas más bonitas suceden cuando uno se pierde, incluso cuando uno se pierde a veces se encuentra), allí me senté, me comí un helado  y fui consciente de la suerte de estar aquí y ahora y allí decidí vivir de verdad, con la mente, la vista, el tacto, el olfato el oído, la boca y el sexto sentido, que debiéramos siempre tener alerta.
 
 
Por primera vez en mi vida tenía en mi cabeza el mapa de la ciudad tan grabado que cuando tuve físicamente en la mano el de verdad, lo supe interpretar. Desde allí y volviendo a atravesar el Ponte Vecchio, mientras me deleitaba tanto con las vistas al Arno como con las joyas que poblaban todos los escaparates, seguí caminando en busca del Mercado Nuovo, pero sin saber como al mirar a mi derecha reconocí la figura de la réplica del David de Miguel Ángel que preside junto a Neptuno la Piazza della Signoria, me senté delante de la estatua que representaba a Perseo con la cabeza de Medusa en la mano, de Cellini  escuché a un violinista que estaba situado a la entrada de la calle de la Galería de los Ufizzi y sonreí porque sabía que había conseguido situarme en el lugar correcto, en el ahora, sonreí porque no existía ni el pasado ni el presente.


 
 
De allí caminé y a dos pasos me topé con el Mercato Nuovo, que también llaman Mercado de la paja y me trasladé 20 años atrás, cuando siendo poco más que una niña estuve con una amiga de la infancia y en un viaje escolar comprando allí mismo  cuadernos de angelitos. Pero inmediatamente  salí del ayer y en mitad de todos esos puestos conocí a una vendedora a la que prometí volver a comprarle un bolso sólo por como me trató de bien. Un poco más adelante la Piazza de la Republica con su emblemático tiovivo  que me situó de nuevo en otro lugar, en el Santander donde me esperaban mis niños, esta vez con más determinación volví a empecinarme en el ahora, lo que resultó muy fácil cuando El Duomo me encontró y la cúpula de Brunelleschi, el baptisterio  con sus puertas del Paraíso de Ghiberti y el Campanile casi me comen.


 
Tras sufrir el síndrome de Sthendal después de ver tanta belleza me fui al Mercado de San Lorenzo y en uno de sus laterales encontré una de esas tiendas de decoración y viejas postales que tanto me gustan regentada por un hombre muy parecido al Roberto Benigni de " la vida es bella" que me hizo recordar esta premisa y al que también prometí volver a buscar una muñeca decorativa. 

 
Ahora tenía que encontrar el "Gozzi Sergio", un restaurante que me habían recomendado para comer auténtica comida florentina a precio y en ambiente no turístico. Lo encontré y mi sentido del gusto se quedó sin palabras, además el trato,  tan exquisito como la comida que me dieron, no se me olvidará fácilmente.


 
 
La tarde entera en los Ufizzi, de donde salí como si me hubieran metido dentro de un libro de historia del arte. Hacia dos décadas que había visto a la Venus de Botticelli, pero entonces fueron los ojos de una adolescente los que miraban , ahora eran los de una adulta y eso cambiaba mucho la perspectiva. Aquí dejo fotos de las obras que más me gustaron, siempre con la voz de fondo de mi guía italiana, Eleonora, que amaba el arte más que yo misma y se expresaba en castellano también mejor que yo .
"Virgen y niño", de Berruguete
"Madonna con niño", de Filippo Lippi
"La Sagrada Familia", de Miguel Ángel
"El nacimiento de Venus", de Botticelli
 "La primavera", de Botticelli
 
Tras volverme a perder y aparecer en la maravillosa Santa María de Novella volví a cumplir mis promesas con la vendedora del Mercato Nuovo y con mi particular Robert Benigni. " ¡Retornati!" me dijeron ambos al volverme a ver. Terminé el día tomando un splizt con mi libreta de Venus comprada en los Ufizzi escribiendo en el Café Pitti , justo enfrente del palacio. Uno de esos momentos para siempre.  Y vuelta al hotel por la orilla del Arco con unas vistas también para siempre.
 
 
 
 
La mañana del segundo y último día me decidí a escapar del tremendo bullicio turístico que devoraba Florencia un domingo de abril y, siguiendo la recomendación de Eleonora del día anterior, fui a ver la Iglesia del Santo Espíritu y la del Carmen, junto a la que por sorpresa me encontré con un maravillo rastro, el mercado de las pulgas de Florencia, donde pude dar rienda suelta al consumismo reciclado de segunda mano que tanto me gusta.
 
Cerca de él, la tienda" Celeste Vintage", donde comprar un viejo Gucci o unas gafas de sol miu miu antiguas es tarea asequible a todos los bolsillos, eso sí, revolviendo mucho en busca de la gran ganga . Salí de allí con un Chanel del que no puedo decir el precio  porque de ridículo nadie me lo iba a creer.


 
Una pizza en la Piazza de Santa Croce y en busca del autobús número 12 que salía de la estación de Santa María de Novella para subir al mirador de la Piazzale MiguelAngelo, desde el que me habían recomendado disfrutar de la espectaculares vistas y ver el atardecer. Un fin de viaje digno de una película donde no bastaba ver toda Florencia, oler el ambiente, tocar el suelo con los pies, beber el aire, escuchar las distintas lenguas y el rumor del río, allí había que sentir a la fuerza, sentir con mayúsculas "el poder del ahora". Por supuesto, volveré a Florencia

 
CruzadoC